

Mientras esperaba entrar al concierto de la chelista argentina Sol Gabetta (1981) y la Orquesta de Cámara de Basilea (Kammerorchester Basel), en el Stadtcasino de esa ciudad, me invadió la sensación de estar en el lugar equivocado, al ver tantos niños de la mano de sus padres en la misma cola. Era un domingo lluvioso de otoño, a las once de la mañana, de hace pocas semanas. (Arriba, fotos cortesía de su website).
Desde el inicio del concierto, seguí de reojo las reacciones de los niños, quienes se mostraban concentrados y con la mirada fija en los movimientos que hacía la artista. A la mitad del concierto la cellista llevó a los niños a otra sala, la seguían contentos, como en una escena del Flautista de Hamelín. La sala se vació de niños y quedamos los adultos para la segunda parte, a la cual talentosa artista se reintegró después de un rato. Sol Gabetta es una artista que encanta a grandes y chicos, aquí y allá.
Es actualmente la cellista con mayor y mejor proyección internacional. Es excepcional y emociona verla en concierto, no solo por la forma impecable de tocar el cello (un Guadagnini de 1759), sino por esa especie de luz que irradia desde que ingresa al escenario. Es una mezcla desbordante de frescura, naturalidad y energía, ataviada con vestidos elegantes y coloridos. Con su sonrisa natural entabla una comunicación estrecha con los músicos y con el público, el cual no se cansa de aplaudirla y admirarla. Piezas clásicas de Haydn y Hofmann, en este caso, las impregna delicadamente de su propio estilo. Terminó el concierto con una pieza bellísima del músico letón Peteris Vasks, y lo hizo sola, con su cello y voz. “Incluyo mi voz en una especie de coro donde el instrumento se vuelve tridimensional, y es emocionante la polifonía que se produce”, precisa.
Es artista exclusiva de Sony Classical desde 2006. Su nombre está asociado a las principales orquestas y festivales del mundo y es sinónimo de grandes ventas. Sus cuatro discos han alcanzado los primeros lugares de venta en Alemania. Offenbach, Bizet, Tchaikovsky, Vivaldi y Ginastera, entre otros, son parte de su repertorio. Su agenda de conciertos es intensa hasta diciembre de 2011, con lo cual los trenes, aviones y hoteles de Europa, Asia, Norte y Sud América se han convertido en su casa.
Ha sido premiada ampliamente. Este año ganó por segunda vez el codiciado premio alemán Echo Klassik de la Ópera, por su disco Cantabile, como el mejor del año. En 2007 obtuvo por primera vez este premio con su CD de debut (con temas de Tchaikovski, Saint-Saëns y Ginastera) a la mejor interpretación solista. En Argentina, recibió tres veces el premio Gardel para música clásica.

Desde hace cuatro años tiene su propio festival en Suiza, el Solsberg, una combinación de su nombre y de la pequeña ciudad de Olsberg, en las afueras de Basilea, donde reside. Lo creó junto a Christoph N. F. Müller, director de la Orquesta de Cámara de Basilea y además su novio. El festival, que se realiza cada junio en la iglesia Rheinfelden, fue un éxito desde el comienzo. Lo que empezó con un fin de semana ahora es tres. Sus invitados son músicos reconocidos. (Las dos fotos de arriba son también cortesía de su website). De Córdoba a Europa
Nació en la ciudad de Villa María, en Córdoba (Argentina) hace 28 años, en una familia de orígen ruso y francés. Absorbió la multiculturalidad desde pequeña, al igual que la música, ya que su madre es pianista y su hermano mayor violinista. De pequeña se fue a vivir con su familia a Europa. A los diez años entró becada a la Escuela Superior de Música Reina Sofía de Madrid, luego iría a estudiar violoncello en la Academia de Música de Basilea con Iván Monighetti, donde ahora enseña. Posteriormente se fue a seguir estudios en la Escuela Superior de Música Hans Eisler de Berlín.
El tiempo transcurrido en el exterior no le han hecho perder su acento y cercanía con su país de nacimiento. Una argentina me comentaba que Sol Gabetta mantenía el encanto y sencillez de la gente de Córdoba.
"Es evidente que, al dejar mi país, y vivir en España, Alemania y Suiza, viví muchos cambios. Tanto en la lengua, como en el idioma musical. Allí justamente está el secreto, la clave de lo musical. No existen océanos ni kilómetros que separen, la música une a los continentes, por eso en ningún momento me siento alejada de mi país, porque si tengo ganas de tocar en China a Ginastera o a Piazolla, no hay nada que me lo impida... Entonces de ninguna manera siento esa distancia", comentaba en entrevista a la Deutsche Welle.